sábado, 14 de marzo de 2015

TU TELÉFONO Y TÚ

Escribo esta entrada para dirigirme expresamente a ti. Sí, a ti, a ese mismo que sube al vagón del tren con la mano pegada a la oreja e informa a todos sus ocupantes de la mala noche que ha pasado por culpa de que a su hijo le están saliendo los dientes de leche. Y como la inmensa mayoría de la gente no puede desahogarse en un blog, pues ya aprovecho para decírtelo y no tener que contarte todo esto a la cara la próxima vez que te vea en una cafetería, en el autobús o en la calle.
Verás, estoy hasta las narices de ti y de tu aparatito. El otro día nos encontramos en la sala de espera del médico, y allí estabas tú y tu dichoso móvil. En esta ocasión estabas francamente entusiasmado con esa serie de no sé qué tronos que te tiene enganchadísimo y que no podías estar sin informarnos a los allí presentes. Nos hiciste un amplio repaso de las tres primeras temporadas, y pudimos constar in situ que vas por la mitad de la cuarta.


Al día siguiente nos encontramos por la calle. Igual no eras tú pero pegabas las mismas voces al teléfono mientras discutías sobre si era mejor poner baldosas en tu casa del pueblo o parqué. Y enumeraste, cual especialista en conglomerados, una amplia secuencia de características en favor del parqué.

A las pocas horas, nuestro inevitable reencuentro se volvió a producir, pero esta vez en el autobús. De tu teléfono brotaba una musiquilla parecida al Para Elisa de Beethoven, que poco a poco conseguía abrirse paso entre un mar de silbidos de Whatsapp y SMS con sonidos a cual más estridente. Eramos conscientes de lo mal que le había ido a Javi con su marcha a Alemania, y de que tu sobrino estaba pensando en hacer lo mismo. Mientras esto ocurría, a mí me entró una llamada. Cogí el móvil con mucho disimulo y contesté con voz muy tenue, hecho de lo que una señora que estaba a mi lado se percató, y me miró pensando: "Si habla con tanto secretismo, algo está ocultando este cabrón"


Julián Chamero González


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