Echando la vista atrás me doy
cuenta que hemos evolucionado mucho, tanto como ser humano (otros siguen en el
paleolítico), como ser tecnológico; y digo tecnológico porque nos hemos
convertido en un ser hecho por y para las tecnologías, necesitamos de ellas
como el comer. De aquí para allá con nuestro móvil, cascos puestos en la orejas
para aislarnos de lo que nos rodea y todo el santo día moviendo el dedo de una
lado al otro de la pantalla.
Los avances tecnológicos son
obligatorios, nos cansamos de lo nuevo muy pronto y queremos cosas aún más nuevas, aunque
sólo cambie un botón o una característica, pero necesitamos renovarnos.
Por eso las grandes compañías (que no son para nada tontas) saben aprovecharse de todo esto, y sacan
continuamente cosas nuevas para que les demos un riñón (porque baratos
precisamente no son) a cambio de sus nuevos productos.
El colmo viene cuando esos
productos prometen demasiado y ahí se quedan, en simples promesas.
GOOGLE GLASS. ¡Oh! ¡Pinta bien! Unas
gafas de realidad aumentada con lo que veras será… ¿el tiempo?, ¿el calendario?,
¿una ruta para ir al trabajo al que vas día si día también?, ¿y por tan sólo
1000€?
Prometía mucho, iba a ser el
producto revolucionador, unas gafas con las que un simple vistazo al frente iba
a estar rodeado por pantallitas virtuales que te mostraban el tiempo, una
llamada o una simple ruta a modo de GPS. Iban
a salir a la venta al consumidor en 2014, cosa que todavía no ha ocurrido.
Tras varios retrasos por parte de la empresa Google y varios cambios de los
desarrolladores parece que en 2015 tampoco saldrá a la venta. Según ellos “no
lo sacarán hasta que sea un producto perfecto”, y todavía les queda camino si
siguen atrasando la salida al mercado y si cambian cosas cada dos por tres (con lo fácil
que es no decir fecha de salida hasta que no estén seguros de que su producto
está finalizado). Las gafas han ido perdiendo interés: tanto atraso y tantos cambios no es bueno.
Evolución de los últimos 2 años de las Google Glass
Es cierto que han ido
evolucionando muy bien, ya que al principio las gafas tenían los cables, chips
y circuitos por fuera de las gafas, pero el último prototipo lo lleva todo
dentro de la propia montura, indivisible, y lo mejor es el tamaño, que apenas
ocupa sitio en la cara. Te mirarán raro los que te vean por la calle con eso, si es que te lo ven. A ver si acaba cumpliendo con lo que en un principio prometía ser y acaba siendo unas gafas caras pero que al menos no tienes que sacar el teléfono para trastear.
MANUEL RODRÍGUEZ LUQUE

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