sábado, 21 de marzo de 2015

QUERIDO WHATSAPP

WhatsApp es esa aplicación de mensajería instantánea que ha entrado en nuestra vida hace relativamente poco y que actualmente no somos capaces de eliminar de ella. Todos criticamos su uso en algún momento pero no nos engañemos… ya no contemplamos una vida sin WhatsApp.

El abuso de esta aplicación no ha generado otra cosa que mal entendidos, aunque es cierto que todos nos beneficiamos de ella y que resulta muy útil en la gran mayoría de los casos. Hablamos de una aplicación que ha conseguido que las generaciones pasadas acepten las nuevas tecnologías y las incluyan en sus vidas como si hubieran convivido con ellas siempre, porque todos conocemos a alguna abuela moderna a la que sus hijos le han regalado un Smartphone para hablar con ella por WhatsApp, aunque eso signifique tener que esperar 5 minutos entre un mensaje y otro (por eso de la velocidad con el teclado táctil). Aun así, sigue habiendo gran cantidad de personas que se niegan a iniciarse en este mundo y que prefieren llamarte un momentito para decirte lo justo. Es importante aclarar, de todas formas, que las viejas generaciones son incapaces de adoptar el ritmo y la facilidad con la que los jóvenes toman dominio de las tecnologías en general.

Como iba diciendo antes, esto del abuso del WhatsApp solo trae malentendidos y es que aún no tenemos dominado eso de la interpretación del lenguaje escrito. A través de esta aplicación hablamos de una forma demasiado coloquial, por no hablar de las faltas de ortografía, pero bueno, eso ya es otro tema. Un ejemplo de este lenguaje coloquial son las ironías, y es que no sabemos diferenciar cuando estamos de broma y cuando no, y el mensaje enviado con la mejor intención puede desembocar en una bronca monumental. Además, muchas veces, sobrepasamos esa línea de confianza con determinadas personas, por lo que casi es más importante, ya no lo que decimos, sino  como escribimos lo que decimos.


Si nombramos algunos inconvenientes más, debemos hacer referencia a la pérdida de tiempo que conlleva, ya que no nos limitamos a escribirnos lo necesario, sino que empezamos conversaciones sin ningún fin que en algunos casos duran horas. Debemos plantearnos entonces en que emplearíamos todo ese tiempo si no utilizáramos la exitosa aplicación. Además nos relacionamos cada vez menos y es que cada día es más frecuente entrar en un bar y ver a un grupo de chavales con la mirada fija en su teléfono sin relacionarse entre ellos. Ya que pongo este ejemplo, una vez escuché un reto que creo que todo el mundo debería llevar a cabo y consistía en lo siguiente: cuando te juntes con tu familia o grupo de amigos para tomarte algo, dejad todos en un sitio apartado los teléfonos, y el primero que lo coja (a no ser que sea algo urgente o necesario) para hablar por WhatsApp, por ejemplo, paga la ronda. Me resultó gracioso cuando lo escuché y creo que puede resultar efectivo. Os invito a probarlo.


Son muchos los inconvenientes que puedo nombrar pero solo voy a hacer referencia a uno más y es que es la aplicación preferida de los cobardes. Ahora los problemas se solucionan hablando por WhatsApp y son muchísimas las parejas que solo son capaces de sincerarse a través de esta mensajería instantánea. Hay hasta algunos “valientes” que cortan sus relaciones sentimentales mediante este medio. Sabiendo esto, ahora os pregunto: ¿hasta dónde vamos a llegar? Como en cada entrada, intento haceros reflexionar sobre algún asunto, y esa es mi pregunta hoy.


Si hubiera que pagar por cada mensaje que envías…

Laura Toro Leal

viernes, 20 de marzo de 2015

EL QUE ESPERA, DESESPERA

Para qué moverse del sofá, para qué salir de casa, para qué tener un poquito de vida social e ir a una tienda a comprarte ropa teniendo tu precioso ordenador para hacerlo desde casa sin molestarte un poquito.

Irse de compras siempre ha sido el hobby por excelencia, pero por desgracia también ha sido modificado por las nuevas tecnologías. Con tan solo un “click”  ya tienes esa camisa que tanto te gustaba, esas zapatillas que están mucho más baratas o incluso esas entradas para el cine de esta noche. Sé que la compra online te facilita mucho las cosas, y te permite hacer el pedido en cualquier momento y en cualquier lugar, pero esto no siempre sale bien.
Se pueden producir problemas de envío, siempre hay que esperar unos días, semanas o incluso meses, aunque el vendedor te asegure que el pedido te llegará a casa en un corto período de tiempo, lo más seguro es que tarde más de lo establecido; y dentro de esto es donde entra la desconfianza, de si el pedido será como tú lo has visto en la web, si seremos engañados o si vendrá en buenas condiciones; otro de los problemas es el del pago con la tarjeta de crédito, no todo el mundo se fía de compartir sus datos por internet.

Todos estos problemas se han visto reflejados en algunos casos reales como por ejemplo el de una chica que encargó unas fundas de móvil hace dos años y sigue sin recibirlas; también el de una mujer que compró varias prendas de ropa (todas al mismo vendedor) y cuando fue a ver cómo iba su pedido le aparecía como finalizado y que la tienda del vendedor ya no existía; y yo, sin ir más lejos, pedí unas zapatillas por internet en el mes de octubre y me llegaron en enero, y no solo eso, sino que me llegó un número distinto del que pedí.

Y claro que puedes reclamar, pero siempre te van a poner inconvenientes y te va a causar muchas más molestias que si lo haces en una tienda de persona a persona. Así que la próxima vez que tengas idea de realizar una compra online, plantéate si te merece la pena que no te llegue el pedido por no levantarte del sofá.


                                                                                             
                                                                                                             Andrea Fernández Felipe



jueves, 19 de marzo de 2015

¡Un enchufe por favor!

Está claro que hemos avanzado en cuanto a la tecnología: móviles más potentes, cámaras que hacen fotos casi reales, televisiones en ultra definición, portátiles ligeros y potentes, etc.
¿Tanto avance para que tengamos que estar cargando el teléfono mínimo una vez al día? ¿Han avanzado en cuanto a la duración de las baterías de los móviles?
Los usuarios de los smartphones se quejan continuamente de que “la batería no dura ni un día” y que “tienen que ir con el cargador a todos lados”. Sin embargo, los expertos aseguran que las baterías son más eficientes que nunca.

Antiguamente, con los Nokia sobradamente conocidos, la batería te duraba varios días. Sin embargo, la diferencia entre la batería de hace 15 años y la de hoy en día es nula, ya que esa batería del Nokia era de ion-litio, al igual que las de hoy en día. No cuadra: Son iguales, han ido mejorando, pero… ¿duran menos?
Esto se debe a que los móviles de hoy en día tiene la potencia de un ordenador de hace 4 años.
Hay que saber que el rendimiento de los nuevos smartphones es altísimo, por lo que se utiliza mucho más que los móviles de hace 15 años, por lo que consumen más la batería, produciéndose una descarga de la batería a mayor velocidad.


Sin embargo no hay más que ver que las baterías no avanzan con la misma rapidez a la que avanzan los propios teléfonos móviles. Por ello, actualmente se está investigando en mejorar la eficacia de las baterías. ¿Os acordáis de la carga rápida que prometía cargar nuestro Galaxy S4 en 30 segundos? Alrededor de 2017 podría ser una realidad gracias a la carga súper-rápida de StoreDot (empresa Israelí cuyo trabajo se ha logrado gracias a la investigación en nanotecnología. Tienen un prototipo de batería que se adapta al tamaño de los smartphones reales y es capaz de cargarse de casi el 0% al 100% en menos de dos minutos).

Pero llevarlo a la realidad es un esfuerzo tanto intelectual como económico, ya que todavía se sigue investigando para llevarlo al mercado en unos cuantos años sin riesgo de fracaso.
Por lo que de momento seguiremos llevando a cuestas nuestro cargador a todos lados.


                                                       
                                                                                                         Manuel Rodríguez Luque

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL PAPEL: UN VIEJO AMIGO

Hoy en día la gente ya no se acuerda de ese compañero fiel que hemos tenido a lo largo de todos estos años y que nos ha salvado en muchísimas ocasiones. Sí, efectivamente, estoy hablando del papel y en su defecto, de todo aquello que está en estado físico y no virtual.
Los buenos ratos que pasábamos leyendo un libro, tocándolo, sintiendo dentro de nosotros cada una de sus letras, han pasado a mejor vida con los e-books, y esto sinceramente me parece una forma de disfrutar las cosas “a la mitad”, ya que una realidad virtual, simplemente es perceptible con la vista y el oído, pero no lo es con el resto de sentidos, que nos ayudan a tener una conciencia mayor de aquello que está ante nosotros.
Al igual que con el e-book, en las escuelas ocurre un hecho similar. Las interminables pizarras llenas de apuntes inexplicables pasan a un segundo plano con la aparición de las pantallas en las que se proyectan explicaciones desde un cañón, y esto para el profesorado es una ventaja, ya que se ahorra el tener que estar borrando lo que esté escrito para volver a poner la pizarra llena de apuntes indescifrables. Aunque sí que es verdad que cuando has crecido con la tiza, a veces, se la hecha de menos.

Por tanto, no cabe duda de que la tecnología nos ha inundado de forma repentina nuestra vida cotidiana. Desde el simple bloc de notas que tenías para recordar cualquier cosa que tuvieses que hacer a las pocas horas, hasta el sudoku que hacías después de un largo día en el trabajo. Todo ello de una manera muy sigilosa y sobre la que ninguno nos hemos parado a pensar en el pobre papel que toma un rol secundario consecuencia de la implantación de las nuevas tecnologías.  

Julián Chamero González

martes, 17 de marzo de 2015

EL PATIO VIRTUAL

Los niños de hoy en día ya no vienen con un pan bajo el brazo, ahora traen un teléfono móvil, una tablet o cualquiera de los dispositivos tecnológicos que tenemos a nuestro alcance.
Cada vez es más habitual ver como un padre o una madre le da a su hijo, que va en su carrito llorando, su teléfono para que se entretenga y deje de llorar. Ese niño que no llegará a los 5 años de edad ya sabe como disparar "marcianitos", cuidar de una mascota o dar un par de toques a un balón (siempre virtual, claro) con tan solo dos o tres dedos. Pero al mismo tiempo se está perdiendo un enorme mundo que hay detrás de estos aparatos.

Lejos queda ya pasar al lado de un parque y que esté abarrotado de niños montando en los columpios, jugando con un balón (éste ya si es real) o los más pequeños provistos de cubo y pala para remover toda la arena por haber. Ahora un niño te diría que eso es aburrido, que no quiere jugar con otros niños que no conoce y que prefiere quedarse un rato más jugando con su maquinita; estos niños pasarán a ser preadolescentes pegados a una pantalla cómo si de un periférico mas se tratasen.

Tampoco hay que llegar al extremo de decir que la tecnología no le hace ningún bien a los niños, ya que existen miles de apps y juegos que hacen trabajar su destreza, conocer nuevas cosas o aprender un poco de inglés. Incluso para aquellos padres que no pueden disfrutar de sus hijos todo lo que quisieran, estos aparatos les permiten saber que sus hijos pueden estar entretenidos sin contar con toda su atención.

Pero, ¿qué queréis que os diga?, me parece mucho más bonito ver a un niño que en su mano tiene una pelota, un juguete o la mano de otro niño que acaba de conocer una hora atrás, en lugar de un teléfono o una tablet.




Jorge Pacheco Muñoz

lunes, 16 de marzo de 2015

LIKE FOR LIKE?


Esta semana he visto en una tienda una sudadera en la que ponía "pide a Santa Claus más seguidores", en inglés claro, porque todo en inglés es mas bonito, no hay duda. Me paré a pensar y no sé si fue tristeza o vergüenza lo que sentí.


La mayor aspiración de la gente hoy en día es superar el número de "me gustas'' que tuvieron ayer en su última foto subida a Instagram. Millones de hastags en cada foto para ello.


Me da pena también que nos creamos filósofos escribiendo pies de foto reflexivos y bonitos, cuando lo único que hacemos con ello es compartir lo que otros han creado y nos olvidamos que lo mágico está en las cosas que creamos nosotros mismos.


Si alguien puede que me diga dónde han quedado las aspiraciones, las metas, los propósitos de la gente... Vamos dados de la mano con la superficialidad sin darnos cuenta de que existe un mundo, una vida, más allá de las pantallas, ¿por qué hay gente que prefiere ver una foto hecha desde su balcón que asomarse él mismo?


Pido un aplauso por esas personas que tienen algo más que aportar en nuestras vidas que una foto con 1000 "me gustas", una foto con maquillaje y ropa de moda, también por las personas que no salen de su casa pensando en la foto que van a echarse y los seguidores que van a ganar esta semana.

Tengo la impresión de que el mundo está dormido, pero yo me alegro de estar despierta, y si tú también lo estás me alegro por ti también.

Con la cantidad de cosas que una persona tiene para dar, limitarnos de esta manera es verdaderamente triste.




Sara Caballero Tendero

domingo, 15 de marzo de 2015

MI OTRO "YO"

Así es como debo comenzar este post: mi otro "yo". Os preguntareis muchos de vosotros por qué empezar de esta manera, pero tranquilos, tengo la respuesta: FACEBOOK, esa red social que cuenta con más de 1300 millones de usuarios.

Que si foto aquí, que si foto allí… pero ¿en realidad todo es tan bonito como la gente aparenta en sus fotos? Yo sinceramente opino que no. Nos dedicamos a pensar en lo que quieren ver los demás y nos esforzamos en modelar un estilo de vida que en el 95% de los casos no se lleva a cabo. Yo formo parte de ese 5% restante, aunque reconozco que me gusta ver el existo que tuvo mi última foto cuando abro la bandeja de notificaciones. Y es que considero que vivo rodeada de lo que toda la vida hemos conocido como aparentar pero que hoy popularmente llamamos "postureo".

El gran problema de todo esto es que cuando este tipo de personas, pertenecientes a ese 95%, ven lo que otros publican, llegan a la conclusión de que su vida no es tan perfecta como la de sus amigos o seguidores (de los cuales, recordemos, solo tienes relación con menos de la mitad). Es este el momento en el que empezamos a aparentar: fotos de viajes maravillosos con tu familia, fotos de las mejores fiestas de tu vida, fotos de la cena con tu pareja en el mejor restaurante de la cuidad, fotos de los zapatos nuevos que te has comprado esta misma tarde o fotos del último "aparatito" de Apple entre tus manos. Ahora vamos a comparar todo esto con la cruda realidad:


- Tenías unas ganas locas de regresar a tu casa del viaje porque no puedes con tus suegros y tus sobrinos son insoportables.

- Esa noche de fiesta acabaste discutiendo con tu pareja y llegaste a casa con un cuerpo horrible (y parecías la reina de la noche)

- No llegas casi a fin de mes pero te llevas a tu novia al restaurante más caro para que los demás (que no tu novia, que eso te da un poco más igual) vean el gran partido que eres.

- Los zapatos te hacen un daño horrible y no llegarás a ponértelos nunca.

- El "aparatito" de Apple que tienes en las manos no es tuyo, vuelve al mundo.

Repasando un poco todo lo que estoy diciendo pues llego a la conclusión de nuevo de que la gente solo presume de sus buenos ratos y experiencias haciendo entender con ello que en su vida no hay hueco para los malos momentos. Pero no nos engañemos, todos tenemos días malos.

Esto, personalmente, me da algo de pena, y es que en mi caso no siento la necesidad de demostrarle a nadie lo feliz que soy ni lo bien que me va, así que te animo a ti también a reflexionar sobre ello y recuerda: quiérete por lo que eres y no por lo que los demás ven de ti.



  

Laura Toro Leal