El deporte lleva existiendo desde hace más de un siglo; se incorporan nuevas normas que tratan de hacer el deporte más practicable, más entretenido, se busca siempre la manera de tener una cierta ventaja respecto del adversario siempre que no se exceda la legalidad, en definitiva, lograr un rendimiento mejor que el oponente para poder conseguir un éxito. Ahora bien, nos estamos excediendo en las mejoras que siempre tratan de ayudar pero a veces hacen que pierda encanto el deporte.
Buena prueba de ello se da en el mundo del fútbol cuando se quería incorporar el sistema de cámaras conocido como "ojo de halcón" que ya se usa en algunos deportes como tenis o cricquet y que ayuda a los jueces a decidir si una bola es válida o nula. Esta propuesta finalmente se declinó, y yo me pregunto: si hay un sistema que nos ayuda a ser más justos, ¿por qué rehuimos de él?. Pues bien, la respuesta se encuentra en el hecho de que buena parte de lo que alimenta el fútbol viene dado por la polémica post-partido que se genera tras una decisión arbitral, normalmente si esta es errónea, lo que conlleva una serie de opiniones de si el colegiado tiene intereses en que gane uno u otro equipo, que si no lo percibió bien, etc, que hace alimentar el negocio que supone el deporte.
Por otro lado, y alejándonos del deporte de élite, hay que hablar del incremento del uso de las aplicaciones que ayudan al usuario que practica deporte a controlar sus niveles corporales, bien sean pulsaciones, nivel de azúcar en sangre o la más mínima información que nos pueda proporcionar nuestro la app a través del smartphone. Y es que hay quien apunta que toda la vida se ha hecho deporte sin tanta tecnología de por medio, pero sí que es verdad que la tecnología, como todo, haciendo un uso correcto de ella, es muy útil en ciertos casos, aunque a determinados sectores no les interese.
Julián Chamero González
